
Desde su fundación, Buenos Aires utilizó el "Riachuelo de los Navíos" para el desembarco de mercaderías, ya que éste era un canal profundo y Buenos Aires no tenía puerto, debido a la escasa profundidad del Río de la Plata en su litoral.
El desembarco se realizaba de forma muy precaria: fondeados los barcos, los pasajeros y mercancías se pasaban a botes y luego alcanzaban la orilla con carretas de altas ruedas, ya que no existía muelle.
Las tres rutas principales de comunicación de los siglos XVII Y XVIII eran la de Buenos Aires-Asunción, por la ribera del río Paraná, la de Buenos Aires-Lima; Córdoba, San Miguel de Tucumán, Salta y el Alto Perú; y la de Buenos Aires-Santiago, a través de las provincias del Cuyo.
La correspondencia con la metrópolis tenía como vía habitual la extensa vía del Perú; de España a Cuba, de allí a Porto Belo, de allí a Lima y luego por Charcas hasta Buenos Aires. Éste fue el recorrido de la real cédula del 1ero de Abril de 1621 que, anunciando la muerte del Rey Felipe II, arribó a Buenos Aires el 5 de Febrero de 1622.
”La sociedad colonial fue en lo formal —las leyes de Indias— una confusa mezcla
de absolutismo castellano con feudalismo catalán y declaraciones de buenas
intenciones. En la práctica construyó reglas propias amparada en la falta de
buenas tecnologías de las comunicaciones: una consulta al Consejo de Indias,
administrador de las colonias, demoraba bastante más de seis meses entre ida,
resolución y vuelta.” 2
Carlos III resuelve en 1764 establecer correos marítimos fijos (mensuales) entre La Coruña y La Habana. Esto alcanzaba a las regiones de Antillas, Nueva España y Perú. Cevallos solicita una línea al Río de la Plata y se decide probar la vía con el Paquebote “Príncipe” que formaba parte de la flota destinada a La Habana. Fue este paquebote el primer medio oficial de intercambio postal directo entre la metrópolis y el Rio de la Plata, arribó a Montevideo el 31 de Mayo de 1764.
La corona resuelve nombrar a Domingo Basavilvaso como primer administrador general de correos del Rio de la Plata.
En 1769 se incorpora el correo terrestre al marítimo y el administrador pasa a ser responsable de todos los correos, dependiente directamente de la corona española.
En 1772 asume como Administrador General de Correos el Sr. Manuel de Basavilvaso (h)
En 1776, Carlos III decidió la creación provisoria del Virreinato del Río de la Plata para asegurar un control más eficaz de sus dominios americanos. La enorme distancia que separaba al Río de la Plata de la cabecera virreinal había despertado la codicia de ingleses y portugueses, quienes lucraban con el contrabando hacia Buenos Aires y la zona del Litoral, perjudicando a las arcas reales.
El virreinato del Río de la Plata se hizo definitivo en 1778, y cuatro años más tarde se creó el régimen de Intendencias, que tornó más efectiva la supervisión estatal.
Estaba dividido en tres gobernaciones: del Río de la Plata, del Tucumán y de Cuyo y en intendencias.
En Buenos Aires, por uso y costumbre los portes eran pagados por los destinatarios. En las oficinas postales se acumulaban las cartas esperando ser retiradas, con el consecuente atraso en el cobro de porte. Para solucionar este inconveniente se nombró al primer cartero, quien entregaba a domicilio asignando para sí 1 Real por carta entregada, además del franqueo.
Para aquellos remitentes que quisieran franquear previamente sus cartas se dispuso de un sistema de sellos “FRANCA” que indicaba que el porte había sido franqueado. Estos sellos se distribuyeron en todas las oficinas de correos de S. M.
En el correo marítimo, se acostumbraba a indicar en la cubierta del sobre el nombre del buque en el cual el remitente deseaba que se enviara la correspondencia. Se implementaban medidas para evitar la circulación de correspondencia “fuera de valija”, envíos de paquetes y cartas que sorteaban el pago de porte oficial.
Antes de 1775 no se admitía la correspondencia con otros países Europeos fuera de España, a partir de ese año se incorporó Roma como posible destino.
Las tres principales rutas de correo del Virreinato eran: desde Buenos Aires a Perú, Chile y Paraguay. En 1779 comienzan a utilizarse marcas postales para las cartas que se remitían a España indicando la estafeta de cada región: Marca “Buenos Ayres” para el litoral, Tucumán, región de Cuyo y Paraguay. Marca “Chile” y marca “Perú” para la región de Potosí y provincias de Lima. Los sellos de cada administración se seguirían usando para las cartas que circularan dentro del “Reino de Indias”
En España circa 1796 comienzan a utilizarse marcas adicionales que indicaban el mes y día (cuando se echaban en el buzón y cuando arribaban a la oficina de destino)
En 1784 se establece un servicio fijo de intercambio

con Montevideo; las llamadas “chasqueras” (lanchas) que cubrían la línea fluvial de Buenos Aires a la Colonia del Sacramento y una terrestre de allí hasta Montevideo que se estableció con postas de tropas.
Durante las invasiones inglesas, entre 1806 y 1807 este servicio estuvo interrumpido, reestableciéndose con el triunfo de la defensa de Buenos Aires.
Pero las situaciones de guerra en las que se vio sumida la metrópolis impidieron el reestablecimiento del control de los correos marítimos por parte de España entre la Coruña y Tierra Firme. La correspondencia continuó circulando en buques particulares desde y hacia Cádiz.
Con la Revolución de Mayo de 1810 los correos marítimos se vieron interrumpidos para Buenos Aires, ya que tras la “mascara” de fidelidad al Rey que sostenía la primera junta de gobierno luego de la revolución, se escondía la independencia de criterios respecto a Fernando VII y a la Junta representativa metropolitana. Montevideo se negó a apoyar a los revolucionarios. Las nuevas autoridades de Buenos Aires intentaron establecer infructuosamente un puerto de partida para correos desde Ensenada; las chasqueras también fueron suprimidas.
La única correspondencia que arribaba a Buenos Aires en los tiempos revolucionarios ingresaba en buques extranjeros (no españoles) en su mayoría ingleses, es de observar que el volumen de correspondencia de circulación “clandestina” aumentó por esos años considerablemente.
La Junta de Gobierno decretó severas penas para aquellos que ingresaran correspondencia sin pasar por la oficina postal.
Por esa época funcionaba una estafeta inglesa en una oficina comercial de Buenos Aires. La primera junta, considerando el funcionamiento de aquella como irregular y contraria a los intereses de la Renta, decretó cerrarla.
Para reestablecer el correo marítimo, Buenos Aires estableció un contrato con al gobierno inglés; los buques ingleses se hicieron cargo desde 1824 de la circulación de correspondencia entre Europa y Buenos Aires. En este acuerdo Buenos Aires tuvo que otorgar grandes concesiones: los buques ingleses estaban eximidos de derecho de puertos, contaban con descuentos sobre el porte de la correspondencia, el control que sobre ella se hacia debía ser mínimo y Buenos Aires debía establecer un correo terrestre hasta Chile en combinación con los paquetes ingleses.
El correo marítimo fijo con Montevideo se mantuvo interrumpido por el bloqueo del Río de la Plata por parte de buques españoles, pero se emprendieron una serie de rutas alternativas y cambiantes para mantener contacto con la plaza oriental, generalmente la ruta terrestre se completaba por postas de soldados. En 1814, una vez ocupada la plaza de Montevideo por parte de los revolucionarios se reestableció el correo fijo semanal.
El correo con Brasil, se había mantenido en manos de propietarios particulares de buques que accedían a la patente de correo. Con esta misma modalidad se estableció un paquete hacia Río de Janeiro “La Dorada” a partir de 1818.
Los correos marítimos, tanto a Uruguay como a Brasil fueron aumentando en número y mejorando la organización paulatinamente. Siempre bajo la modalidad de otorgamiento de patentes de correos a particulares. Esta modalidad se estimuló también para territorios nacionales: en 1822 se establece un contrato para otorgar patente de correo marítimo hacia el puerto de Patagones.
En 1826 Rivadavia crea la Dirección General de Correos y Postas de Caminos, nombrando director a Juan Manuel de Luca, quien estuvo en su cargo hasta 1858.
Luego del Pacto de San Nicolás, habiéndose dividido Buenos Aires de la Confederación Argentina, (1852) la organización del correo nacional queda dividida en estas dos juridicciones.
La Confederación reglamentó los servicios postales y creó las “Mensagerías Argentinas” (contratos de correo con particulares) dependientes de las Aduanas Nacionales.
En 1854, la Confederación Argentina organiza el correo estableciendo el franqueo previo de toda correspondencia por parte del remitente y organizando las tarifas internas. Se establece un signo postal con la leyenda "FRANCA" como marca de inutilización de los sellos.
A partir del año siguiente se empiezan a proyectar las primeras estampillas.
Fue la provincia de Corrientes en 1856 la que emitió los primeros sellos postales. Su gobernador, el Dr. Juan Pujol fue el que, inspirado en los usos postales europeos, emprendió el proyecto de timbrado postal.

El sello de Corrientes representa, a imitación de los sellos franceses, a “Ceres”, diosa latina de la agricultura (de allí la denominación actual de esos antiguos sellos) fueron grabados mediante impresión tipográfica en papel de seda de color azul grisáceo en tinta negra. El grabador fue el Francés Matías Pipet, quién confeccionó la única plancha con la que fueron impresas las 17 emisiones de la provincia de Corrientes, hasta el año 1880.
En 1858 la confederación emite los primeros sellos postales adhesivos, cuyo diseño incluye un símbolo de la confederación argentina con impresión litográfica de tinta roja, verde y azul sobre papel blanco. La primera emisión consta de tres valores de 5, 10 y 15 centavos, con una nueva emisión en 1860.

En Buenos Aires, se establecen correos bimestrales que comunican con la Confederación: hacia Santa Fé, Entre Ríos y Corrientes y mensuales hacia Chile y Perú.
En cuanto al correo hacia el interior de la Buenos Aires se establecen tres correos mensuales para las carreras del Norte, Este y Sur.
En el correo fluvial hacia Montevideo se concede permiso de correo a la “Goleta Palomo”
A fines de 1855 el estado de Buenos Aires, decide la emisión de sus primeras estampillas.

Se imprimen en enero de 1856 cuatro valores postales con la imagen de un gaucho a caballo representativo de un correo cabalgando en dirección al sol. Los valores eran cuatro, seis, ocho y diez reales. Pero el Gobierno decide en julio del mismo año la adopción de una nueva moneda; entra en vigencia el “peso” en reemplazo del “real”. Los sellos “gauchitos” no entran en circulación por tener la antigua denominación monetaria.
